12 Meses en un campo de refugiadxs en Grecia

foto-3-1024x683
Familias momentos antes de abandonar el campo para irse a hoteles y casas. Campo de Nea Kavala. Febrero, 2017. Foto de Annabel Roda

7 meses son los que han pasado desde la primera vez que pise Grecia con el único objetivo de ser voluntaria en los campos de refugiados y poder actuar dentro de mis posibilidades, en esta mal llamada crisis de refugiados que, como escriben Natalia Morales y Héctor Romero (1) “esta crisis nos devuelve el reflejo de nuestra propia crisis de proyecto, de futuro, de sociedad”.

7 meses nadando a contracorriente en el campo de refugiados de Nea Kavala en el norte de Grecia, intentando dar dignidad, traer y crear comunidad a través de actividades dirigidas a niños, adultos y mujeres para que ocupen su tiempo, para que olviden por unas horas todos los pensamientos y recuerdos que cargan a la espalda.              

7 meses en los que se han creado lazos, amistades, compartido historias, ideas, conocido culturas, sufrido las carencias, padecido el asfixiante calor y el estremecedor frío, la impaciencia, la incertidumbre de no saber cuánto tiempo toca esperar más en ese dichoso lugar, cuántos días tendrían que pasar más para ver a sus madres, padres, hermanos, para volver a tener una vida.

12 meses han pasado ya para muchos desde que llegaron a una isla griega en un bote que era más bien, una cáscara de nuez y tuvieron la suerte contarlo. Muchos meses se han sucedido viviendo en tiendas de campaña, y más tarde en casetas de chapa, sin duchas, con una comida de supervivencia, con baños químicos compartido. Muchos días conviviendo y creándose una comunidad que en dos semanas está desapareciendo desde que ACNUR está enviando a la gente a hoteles y casas a lo largo y ancho del país heleno. Un fenómeno que está ocurriendo en otros campos y que parece que pone fin a esta pesadilla y a este limbo, pero la realidad es otra muy distinta. Es cierto, los refugiados van a vivir en casas bajo un techo digno y es algo que alegra. Una noticia esperanzadora si no fuese porque el aviso para mudarse se anuncia de un día para el otro casi sin poder despedirte de tus vecinos, de tus amigos, de aquéllos que te han acompañado durante estos meses y comenzar de nuevo en otro sitio.

foto-0-510x382
Campo de Nea Kavala, febrero 2017. Foto de Annabel Roda

Sería una noticia tranquilizadora si no fuese porque se van a otro lugar sin conocer a nadie, sin tener nada qué hacer en esas casas y hoteles aislados, porque abandonan el campo pero no Grecia. Les toca seguir esperando en esta ocasión sin la comunidad, arrebatándoles lo único que les quedaba. Una forma de seguir demostrándoles que no son dueños de su vida, de su destino, moviéndolos como muñequitos alargando su odisea, reduciéndolos a meros  aspirantes a conseguir un refugio en esa Europa que se vanagloria de ser la cuna de los derechos humanos.

7 meses a los que se van a sumar más, esperando que el campo se llene de nuevo con gente que retorna de Macedonia y de gente que está en las islas,  porque las fronteras están blindadas y la guerra no se ha detenido y las bombas continúan matando y la gente sigue jugándose la vida en una cáscara de nuez para llegar a esa isla de libertades e igualdad que prometía ser Europa.  La primera ronda de Nea Kavala se está agotando pero desgraciadamente, Nea Kavala no ha hecho más que comenzar.

Annabel

  • (1) Morales, N., & Romero, H. (2016). La crisis de los refugiados y los deberes de Europa. Barcelona : Cataráta.

Entrada publicada en el blog de Amigos de la Tierra Aragón

Anuncios

Comunicado de WE ARE HERE

img_0547
Restos del Centro Comunitario We Are Here. Noviembre, 2016. Annabel Roda

 

La pasada madrugada del domingo al lunes, el Centro Comunitario de We Are Here! fue incendiado.
El incidente aún está siendo investigado, pero en contra de lo que ha sido publicado por algunas fuentes, no ha sido causado por un fallo en la red eléctrica ni por un calentador – nuestro centro no tenía calefacción, ni si quiera electricidad. Todas las pruebas apuntan hacia un incendio provocado por un individuo o un pequeño grupo aislado, sin conexiones con grupos extremistas religiosos o políticos.


Nuestro grupo de voluntarixs ha sentido gran tristeza al enfrentarse a la imagen de las cenizas de un lugar que fue construido con amor y pequeñas donaciones independientes provenientes de todas partes del mundo.

img_0527
En una de las pizarras aún se pueden leer el contenido de la última clase de inglés. Noviembre, 2016.  Annabel Roda

 


El supuesto ataque ha tenido consecuencias devastadoras para toda la comunidad de Nea Kavala y nuestra reacción se ha quedado pequeña al lado de la de aquellos que nos rodean. Expresiones de incredulidad, lágrimas y consternación. Hoy nos hemos dado cuenta de lo que realmente significaba nuestro centro para las personas que viven en el campo. Para muchos de ellxs hoy ha sido un recuerdo doloroso de la gran destrucción que han dejado atrás.
Niñxs con su mochila a la espalda mirando a través de la valla pintada de arcoiris lo que el día anterior eran sus clases, rescatando rotuladores entre la madera quemada. Lágrimas cayendo por el rostro de una de las participantes del grupo de teatro. El encargado de la biblioteca, inmóvil, con la mirada fija en lo que fueron sus libros.
En medio de la destrucción, nos hemos sentido arropados por el amor mostrado hacia el proyecto y nuestro grupo de voluntarixs. Siempre hemos estado allí para ellxs, y hoy ellxs han estado allí para nosotrxs. Nos han ofrecido té, comida caliente, su ayuda para reconstruir el centro e incluso hablaron de cedernos sus propios contenedores para que el centro pueda seguir funcionando. Hoy nos hemos sentido más queridos y bienvenidos al campo que nunca.
Creemos que es realmente importante que la comunidad no sufra por acciones individuales y egoístas. Hasta que el centro vuelva a funcionar otra vez, las cientos de personas que se beneficiaban de su existencia han sido privadas del acceso a educación para adultos y niñxs, máquina de coser, biblioteca, así como de las actividades que ayudaban a hacer la vida en el campo más llevadera.
Dada la sobrecogedora respuesta de la gente de Nea Kavala, creemos que podemos aprovechar esta oportunidad para crear un centro más fuerte, en el que la comunidad se involucre aún más y del que se sienta más orgullosa.

Pero necesitamos vuestra colaboración para hacer esto posible.
Por favor, ayudadnos a conseguir los materiales necesarios para que entre todxs podamos reconstruir nuestro centro. Cualquier donación, económica o material, será de gran ayuda.

Equipo de voluntarias de We Are Here.

 

img_0544
Dos personas del campo contemplan lo que queda del centro. Noviembre, 2016. Annabel Roda

 

¡Open the borders!

El pasado jueves, dentro del programa del festival “No Borders Camp”, las calles de Tesalónica se llenaron de una multitud de personas de toda Europa y de grandes grupos de refugiadxs, reclamando la apertura de las fronteras y una libertad real de movimiento. Una exigencia que realiza la sociedad civil frente a la respuesta política a la llegada de sirixs, iraquíes, afganxs, kurdxs, etc. que, huyendo de la guerra, se arrastran hasta las costas de nuestro continente.

La manifestación recorrió el centro de la ciudad al grito de “open the borders”, cánticos en francés, italiano y, sobre todo, en español, pues había llegado la Caravana a Grecia iniciada en Barcelona y que ya ha recorrido toda la costa mediterránea visibilizando el problema de lxs refugiadxs. Es necesario que todos los pueblos europeos se movilicen para que nuestra unión deje de ser una tierra hermética en cuyas fronteras la vida se marchita.

A lo largo del recorrido no hubo incidentes graves y la presencia policial fue puntual en varias zonas. Se sucedieron muchos pitidos cuando la marcha pasó por delante de los consulados español y suizo. Cuando la manifestación estaba terminando, un grupo de personas quemaron una bandera europea simbolizando la vergüenza que sienten ante las decisiones de nuestrxs políticxs.

Debido a la gran cantidad de trabajo en el campo, solo Annabel acudió a la manifestación, para visibilizar el gran movimiento civil a favor de que los derechos de los refugiados se respeten y de que la Unión Europa cumpla con los supuestos valores sobre los que un día se fundó. Desde nuestro punto de vista, es igual de importante enfangarse en un campo construyendo unas condiciones de vida menos indignas como la lucha política y la protesta para atacar la raíz del problema. Y, por supuesto, actuar día a día, entre nosotras y con nuestro entorno más cercano, promoviendo la solidaridad, el respeto y la humanidad.